domingo, 29 de noviembre de 2009

-Bienvenida otra vez (musitó, tomándome en brazos) Has dormido profundamente, no me he perdido nada (sus ojos centellearon) empezaste a hablar en sueños muy pronto.

- ¿Qué oíste? (Los ojos dorados se suavizaron.)

- Dijiste que me querías.

- Eso ya lo sabías (le recordé, hundí mi cabeza sobre su hombro.)

- Da lo mismo, es agradable oírlo.

(Oculté la cara contra su hombro).

- Te quiero (susurré.)


- Ahora tú eres mi vida